Antonio Rendón . En el corazón de la liturgia de la Catedral de Sevilla, uno de sus instrumentos más emblemáticos continúa cumpliendo, día tras día, la función para la que fue concebido: acompañar la oración y elevar la celebración. El órgano catedralicio, una de las joyas musicales del templo metropolitano, sigue resonando cotidianamente en sus naves, recordando la profunda relación entre música, patrimonio y vida litúrgica.

Así lo explica Marcelino Manzano Vilches, canónigo de la Catedral y delegado de Medios, quien subraya que la interpretación diaria del órgano no constituye un mero elemento ornamental, sino una tradición viva que forma parte esencial de la identidad musical y espiritual del templo.

Desde hace siglos, la música de órgano ocupa un lugar privilegiado en la tradición de las grandes catedrales europeas. En el caso de Sevilla, este instrumento no solo posee un indudable valor artístico e histórico, sino que sigue desempeñando su misión original: servir a la liturgia y contribuir a la solemnidad de las celebraciones que tienen lugar en el primer templo de la archidiócesis.

La práctica cotidiana del órgano convierte a la Catedral en un espacio donde patrimonio y vida religiosa se encuentran de manera natural. Cada jornada, sus acordes acompañan los distintos oficios y momentos de oración, manteniendo viva una herencia musical que ha sido transmitida de generación en generación.

De este modo, el órgano de la Catedral de Sevilla no es únicamente una pieza monumental del patrimonio histórico-artístico, sino un instrumento plenamente vivo, cuya música continúa resonando en el mismo lugar para el que fue creado: el servicio de la liturgia y el enriquecimiento espiritual de quienes visitan o participan en la vida del templo.

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